jueves, 30 de octubre de 2008

John Donne

La muerte de cualquier hombre me conmueve, porque yo formo parte de la humanidad; por tanto nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.

domingo, 26 de octubre de 2008

José Agustín Goytisolo: Palabras para Julia

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.


Motivada por Colunma Francismo Mouat, sábado 25 de Octubre, mercurio

domingo, 12 de octubre de 2008

MARUJA TORRES: 'Caramel' en Beirut


Caramel lleva varios meses en cartel en Beirut y todavía se mantiene en una de las minisalas de un centro comercial, Sodeco, situado cerca de mi casa. La tarde en que fui a verla -hasta ahora me había resistido: tengo prejuicios contra los dulces en los títulos-, el aforo estaba medio lleno. Dos parejas de hombres que no eran pareja, sino amigos que habían decidido asomarse al mundo de esas mujeres que tienen cerca siempre y que desconocen. Tres señoras mayores, con aspecto de frecuentadoras de sesiones de tarde, aguardaban la proyección con cara de escepticismo, como si estuvieran allí sólo porque ya habían visto todas las películas que se pasaban en la ciudad. Una pareja heterosexual joven y risueña (sobre todo ella, que en vez de mirarle con la adoración de rigor parecía reafirmada por el simple hecho de haberle arrastrado al cine). Un grupo de mujeres que pasaban de la treintena y que, por la forma de vestir y arreglarse -nada importa tanto como el aspecto exterior de una mujer: Caramel en la vida misma- parecían profesionales liberadas. ¿Cristianas? Posiblemente, dado el barrio. ¿Alguna musulmana entre ellas? Probablemente, pues existen las tránsfugas, de día o a tiempo completo.

Más que por el argumento, se saborea por lo que no sabemos definir quienes aquí vivimos

Se ha definido Caramel como "una comedia amable". Lo es. Si Nadine Labaki, su directora y protagonista, hubiera querido hacer una comedia negra sobre la libanesa e inútil impaciencia por la perfección física, se habría inspirado en las antesalas de las clínicas de estética, atiborradas de adolescentes orgullosamente anoréxicas y de malcasadas matadas a gimnasia, que hacen cola para que les inflen la boca, les reduzcan la nariz, les aumenten los pechos, les levanten los glúteos... o todo a una. Ésta habría sido una visión. Que no difiere mucho, por cierto, de la que podrían dar las clínicas de muchos países occidentales.

Al elegir un salón de belleza modesto -situado en los aledaños de Gemmayzeh, un barrio hermoso y venido a menos-, una estética a lo Almodóvar y una forma de narrar costumbrista y callejera que tiene mucho de la vieja comedia italiana sobre pobres pero guapos, Labaki definía el trazo principal de su película, que es, si me permiten el personalismo, el ingrediente más importante de cuantos alicientes ofrecen la ciudad y sus habitantes a quien esto firma: la ternura cotidiana que me retiene, que nos retiene a muchos aquí, no importa lo que pase.

Esa anciana que, desde un balcón, se hace meter en una bolsa atada a una cuerda papeles que le parecen cartas: yo la conozco de vista. No sé si hay sólo una o varias mujeres de su edad en Beirut que viven solas y han enloquecido y tienen el síndrome de Diógenes, pero, como son listas, se hacen recoger los desechos por otros. Esa calidez de los interiores, las charlas intrascendentes, los ojos oscuros, las sonrisas ilusionadas. Más que por el argumento -que, si se analiza, pese a la amabilidad del envoltorio depila en seco: el temor a envejecer, la dependencia del hombre, la soledad, con o sin él-, Caramel se saborea por lo que no sabemos definir quienes aquí vivimos. Un mundo de mujeres, sí. ¿Elegido, mejorado, conformista? De todo un poco. Y sin embargo, cuánta dulzura, y no en el título solamente.

Sales a la calle y la película se prolonga. Una vieja limpia lentejas con las gafas en la punta de la nariz, la palangana en el regazo; su hija de mediana edad le masajea la espalda. Habitan en una modesta vivienda de una planta, pegada a un rutilante banco de siete pisos.

Y los guardias siguen poniendo multas.

Fuente: El País, España, enero 2008

La Película se está exhibiendo en Cine Hoyts La Reina
www.cinehoyts.cl

sábado, 11 de octubre de 2008

Cristián Warnken: Main Street

Ellos nos dijeron que faltaba poco para el paraíso en la tierra, pero vimos caer ante nuestros propios ojos el "indestructible" Muro de Berlín.

Ellos nos dijeron que nuestras ciudades eran inexpugnables al terror, pero vimos cómo caían las Torres Gemelas, convertidas en lluvia de cenizas.

Ellos nos dijeron que no habría recesión, que las finanzas se manejaban solas, pero vimos cómo las bolsas del mundo se desplomaban, como el muro, como las torres, como nuestros sueños.

Ellos son Wall Street. Nosotros somos Main Street, la calle, la realidad, los hombres de carne y hueso, los que se levantan en la mañana con una ilusión, los que salen a la calle a dar todo el sudor de sus frentes. Somos los que lloramos o cantamos, los que compramos, los contribuyentes: los que "contribuimos" con nues-tras propias vidas en los altares que Ellos han levantado.

Y eso es así desde que nos erguimos y hubo que ir a cazar y luchar contra el frío, el hambre y la escasez. Somos los N.N. de Neanderthal, Moscú, Santiago o Nueva York. Un día, hace mucho, Ellos se separaron de nosotros y dijeron: "Somos los hechiceros, los expertos, los magos de la tribu. Entréguennos su libertad". A veces, Ellos nos hacen aparecer en una estadística en un gráfico; después, nos olvidan e ignoran, y nos vuelven a amar apasionadamente cuando se acercan las elecciones. Somos los que pagamos los impuestos, los que financiamos sus guerras.

Les entregamos nuestra fe y nuestros ahorros: juegan con eso en el casino, apuestan, enloquecen en orgías de especulación y lucro desbocado. Ellos nos llevaron ahora otra vez al abismo, y una vez más nos piden que vayamos a rescatarlos. Ellos no trepidaron en poner en riesgo el esfuerzo de toda nuestra vida, nos negaron tantas veces el agua y la sal, y ahora, de rodillas, nos imploran piedad.

Antes nos prometieron una sociedad igualitaria y nos hicieron esclavos de infernales totalitarismos. Después nos convencieron de que el mercado era la panacea de todos los problemas humanos. Ahora nos dicen que el Estado tiene que salvarlos. A Ellos, los especuladores.

Han especulado siempre. Antes especulaban con teorías políticas y filosóficas. Ahora especulan con los valores en la bolsa. Siempre han especulado con nuestras vidas, con nuestra sangre, con nuestros sueños y nuestros ahorros. Y, como un rebaño hipnotizado, una y otra vez, terminamos siguiéndolos al despeñadero de la teoría, que nada tiene que ver con la rugosa realidad.

Ellos, ayer, fueron el Partido, el Estado Dios. Ahora son Wall Street, el Mercado Dios. Nosotros somos Main Street, la calle, el perraje, los de abajo. Nuestros abuelos sufrieron en carne propia las recesiones nacidas de su ambición desbocada: siempre se han excedido por sobre los límites de la realidad. Nos ha costado décadas recuperarnos de sus experimentos económicos o políticos, de sus mentiras, de sus excesos. ¿Y ahora Ellos pretenden que les paguemos también su última farra?

¿Y qué pasaría si no lo hacemos, y los dejamos caer esta vez, para que conozcan también lo que es la derrota y el miedo? ¿Qué tal si no votamos por ellos en las próximas elecciones, y sacamos nuestros ahorros y los guardamos bajo el colchón, como lo hicieron nuestras abuelas? ¿Qué tal si arrojamos todos, al mismo tiempo, sus usureras tarjetas de crédito al mar?

Sí, que caigan de una vez, que veamos por fin la verdad desnuda y no subsidiada por nuestro sudor y nuestra sangre. Que Ellos bajen de su Olimpo a Main Street, a caminar por nuestras calles, a sudar, a llorar y reír con nosotros, que aprendan que existen las estaciones, que todo tiene su ciclo, su ritmo, sus límites. ¡Que caigan las máscaras, y los gigantes de pies de barro den por fin la cara, titiriteros de la gran Nada!

¿O volveremos a entregarles una vez más -oh, paciente rebaño- nuestras monedas y nuestra fe?

Fuente: El Mercurio
Jueves 02 de Octubre de 2008


jueves, 9 de octubre de 2008

El francés Jean-Marie Le Clézio, Nobel de Literatura

La Academia Sueca premia la aventura poética del novelista, decimocuarto escritor galo que recibe el galardón

De 68 años, el escritor recibirá un cheque de 10 millones de coronas suecas (1,02 millones de euros), el 10 de diciembre en Estocolomo. En 45 años de oficio, Le Clézio, un gran viajero fascinado por los mundos primarios, ha escrito una cincuentena de libros cargados de una gran humanidad, señala France Presse.

El flamante Nobel recibió mucha atención con su primera novela El interrogatorio (1964). Como un joven escritor en plena resaca del existencialismo y del nouveau roman, se conjuró para intentar elevar las palabras "por encima del degenerado estado del discurso cotidiano" y restaurar el poder de éstas para invocar una realidad esencial, señala la Academia Sueca.

Su novela de debut fue la primera de una serie de descripciones de la crisis, que se incluyen en la colección de relatos La fiebre (1965) y La inundación (1966), en las que señala los conflictos y el miedo reinantes en las principales ciudades occidentales.

Incluso en esta primera etapa, Le Clézio destacó como un autor comprometido con la ecología, una orientación que se acentuó con obras como Terra amata (1967) y El libro de las huídas (1969). Con Le Clézio son ya 14 los escritores de nacionalidad francesa que obtienen el más alto galardón de las letras. Su nombre no estaba en las quinielas de los favoritos para el Nobel.

Fuente: Diario El País, España

martes, 7 de octubre de 2008

Joan Margarit premio Nacional de Poesía Española

La poesía es "el refugio donde cobijarse, tarde o temprano. Fuera de la poesía, la música o la filosofía, no hay nada".

sábado, 4 de octubre de 2008

Miguel Hernandez: Menos Tu vientre

Menos tu vientre

todo es confuso.

Menos tu vientre,

todo es futuro, fugaz, pasado, baldío, turbio.

Menos tu vientre

todo es oculto, menos tu vientre

todo inseguro, todo postrero, polvo sin mundo.

Menos tu vientre todo es oscuro

menos tu vientre claro y profundo