viernes, 10 de julio de 2009

"Todos nosotros, vosotros y yo, somos huérfanos, carecemos de padre".

Jean Paul, sombrío romántico del siglo XIX, cuenta un sueño en el que ve desfilar a miles de niños saliendo de sus ataúdes para esperar el retorno de Jesús a la tierra. A la hora indicada, Jesús desciende. Lo rodean, arremolinados, ánimas en pena a la espera de una buena noticia. Le preguntan por Dios, el padre que les ha sido prometido desde siempre, como garantía de un final feliz a su insoportable orfandad. Pero Jesús no trae buenas noticias. "He atravesado los mundos, subido hasta los soles (?), pero no hay ningún Dios". Ellos preguntan: "¿No tenemos padre?". Él, deshecho en llanto, contesta: "Todos nosotros, vosotros y yo, somos huérfanos, carecemos de padre". Entonces empieza a escucharse un coro, el del lamento desconsolado de los niños perdidos en el desierto de Dios.

De Columna de Criatián Warken El Mercurio 9 de Julio de 2009