domingo, 21 de marzo de 2010

Gustave Courbet en 1866 - Cristina Peri Rossi 1941


Un sexo de mujer descubierto

(solitario ojo de Dios que todo lo contempla

sin inmutarse)

perfecto en su redondez

completo en su esfericidad

impenetrable en la mismidad de su orificio

imposeíble en la espesura de su pubis

intocable en la turgencia mórbida de sus senos

incomparable en su facultad de procrear

sometido desde siempre

(por imposeíble, por inaccesible)

a todas las metáforas

a todos los deseos

a todos los tormentos

genera pertenogenéticamente al mundo

que sólo necesita su temblor.