sábado, 23 de agosto de 2008

Alessandro Baricco: de Océano Mar

El hecho es que uno se construye para sí, grandes historias, y puede seguir creyéndolas durante años, no importa que sean locas o inverosímiles; se las lleva por encima y punto. Se puede incluso ser feliz, por cosas de esta naturaleza. Feliz. Y esto podría no terminar nunca. Luego, un día ocurre que algo se rompe en el corazón de ese gran artefacto fantástico, tac, sin ninguna razón, se rompe de improviso y tú permaneces allí, sin entender por qué razón toda aquella historia fabulosa ya no la tienes encima, sino delante de ti, como si fuera locura de otro, y ese otro eres tú. Tac. A veces basta una insignificancia. Aunque sea sólo una pregunta que se asoma. Eso es suficiente.