miércoles, 27 de agosto de 2008

Pedro Salinas: Cartas a Katherine Withmore

Sigo hablando, tengo que seguir hablando de tus cartas. Me poseen, me son presentes, me estorba lo que me impide pensar en ellas. Veo, entre sueños, mis líneas verdes, sobre el rayado azul en dos tonos. (ese rayado azul que parece una luz de verano filtrada a través de una persiana). Katherine, en esa carta me das dos sentimientos que me son igualmente necesarios. uno cuando me dices: "Of course, Iwould married marry you. Tonight!, Tomorrow!". Ya creo, sé que me quieres, lo sé, pero esas palabras tan espontáneas, tan del alma, que ni la misma escritura las puede quitar su color de aliento, me son indeciblemente necesarias. ¿Para qué, dirás tú?. Sólo para saberlo, para sentirlo. Me convenzo cada día más de que la vida realizada, la vida en los hechos y la vida querida, la vida en esperanza, en ansias, son dos zonas distintas, trágicamente separadas. Pero el alma necesita saber que lo que no es podría ser . El alma, yo, necesito saber que si mi amor, que si su amor es hoy así, por voluntario somentimiento a sus condiciones, que si, por su lado van los hechos, la realidad realizada, y por otros los deseos, la aspiración, el anhelo, la realidad no realizada, este anhelo y deseos son, no sueños, no vaguedades, no ideales, sino realidad realizable.¿Comprendes, mi alma?. Es decir, que yo no estoy contento, no lo estamos con la forma presente de nuestro amor, que lo aceptamos por consideraciones concordantes, pero hay que saber siempre que estamos preparados en el fondo del alma para el amor pleno e íntegro. Gracias Katherine, gracias (...) nadie conoce detrás del supuesto hombre de acción que parezco a esa alma, angustiada, vacilante, que va a refugiarse a tí, que descansa en tí. Pero tú bálsamo divino, consuelo, refugio, trozo del mundo donde se está seguro de hallar siempre lo que se busca. Infinitas gracias, hoy, mañana, siempre a tí, adorada, bendita. Eso, eso que tú haces con mi amor y conmigo es el más glorioso, el más bello y profundo sí que he recibido nunca. El primer sí, en amor, se da con relativa facilidad, es fácil, no sabe lo que promete a veces. Es luego, cuando vienen los síes de cada día, cuando llegan los obstáculos, los inconvenientes, cuando se siente verdaderamente si el sí primero era o no total. Tú, Katherine, me vas diciendo sí cada día, desde que me diste el primero. Pero en esta carta tu sí, no expresado, no escrito, tu aceptación alegre, valerosa, cordial y esperanzada del amor mío, me da un gozo tan altísimo, como si por primera vez yo estuviese, anhelante, cogidas tus manos, fundido en tus ojos, aguardando la respuesta y tú me dijeses sí. Te adoro con todo mi ser.
Pedro,