domingo, 28 de septiembre de 2008

Almudena Grandes: El Capitán de la Fila India

"Aguinaldo te pedimos, si no, nos los quieres dar, te cogemos del fondillo, y te echamos al corral" Y la fila comenzaba a avanzar muy lentamente, al ritmo de esa breve canción que se repetía hasta el infinito y del paso irregular de mis primos mayores, que se acercaban por orden hasta el abuelo para recibir un billete de banco a cambio de un beso (...) Nunca entendí del todo el sentido de las palabras que cantaba. Pasarían años antes de que me atreviera a preguntar para que alguien me informara por fin de que un fondillo es el fondo de un bolsillo de un pantalón, pero nunca he logrado averiguar aquel estribillo rural y remoto, si las tres últimas generaciones de mi familia han vivido siempre en Madrid en donde las casas no tiene corral. No entendía el sentido de aquella canción, pero eso no importaba, porque me sentía muy bien cantándola, formando parte de aquella fila que no podía existir sin mí, sin la plaza que yo ocupaba y que me proporcionaba a cambio la certeza de ocupar un lugar preciso y verdadero, mío, como el símbolo de un destino personal. Todos los años cuando llega la Navidad, echo de menos aquella confortable sensación de integridad, de coherencia, esa complicidad con el mundo que se expresaba en una simple fila india, una línea recta contenida en todos sus puntos, un orden irresistiblemente deseable que me garantizaba que, si yo estaba en mi sitio, todas las cosas pasadas y presentes ocuparían también el lugar correcto, y el futuro, se doblegaría sin esfuerzo en la dirección de mi voluntad. Porque eso es lo que ocurre cuando uno pertenece de verdad a algo, a alguien, a alguna parte.
(De Estaciones de Paso)

martes, 23 de septiembre de 2008

Cada mujer decide cuando sacarse la ropa

“Este cuerpo es mío y no se toca, no se viola, no se golpea, no se acalla, no se categoriza, no se grita, no se censura, no se niega, no se encierra, no se controla, no se subordina, no se domestica, no se olvida, no se destruye, no se intimida, no se frena, no se insulta, no se culpabiliza, no se ignora, no se margina, no se mata… Este cuerpo es mío y decide porque es autónomo: Se rebela, transgrede, actúa, crea, construye, se pronuncia, se enuncia, se agrupa, contesta, habla, se masturba, grita, exige, conoce, cambia, rechaza, desobedece, se desvía, ama, odia, cuestiona, es fuerte, resiste, lucha, se empodera y decide cuando sacarse la ropa.”

Artista: Peque Cañas
Texto:
Cristal Ferret
Fotografía: Sofía Miranda

Plaza de la Cultura
Centro Cultural Estación Mapocho

22 Septiembre | 22 Octubre 2008


jueves, 18 de septiembre de 2008


Diana Raznovich, Argentina Publicado en Revista Mujer - Enero 1999

martes, 16 de septiembre de 2008

Oscar Hahn: Ningún lugar está aquí o ahí

Ningún lugar está aquí o está ahí
Todo lugar es proyectado desde adentro
Todo lugar es superpuesto en el espacio

Ahora estoy echando un lugar para afuera
estoy tratando de ponerlo encima de ahí
encima del espacio donde no estás
a ver si de tanto hacer fuerza si de tanto hacer fuerza
te apareces ahí sonriente otra vez

Aparécete ahí aparécete sin miedo
y desde afuera avanza hacia aquí
y haz harta fuerza harta fuerza
a ver si yo me aparezco otra vez si aparezco otra vez
si reaparecemos los dos tomados de la mano
en el espacio
donde coinciden
todos nuestros lugares

sábado, 13 de septiembre de 2008

Edmundo Paz Soldán: Auster en Hispanoamérica

En América Latina y España, lo más cercano que tenemos a un Dios de la literatura se llama Paul Auster. En Estados Unidos, ese mismo Dios tiene su propio Paul Auster Day en Brooklyn, pero hay un límite para la veneración. Ni James Wood ni Harold Bloom, los críticos literarios más influyentes hoy, lo mencionan como un escritor importante. La gente lo lee, pero el respeto se reserva para Philip Roth, Updike, Toni Morrison, DeLillo y compañía. Quizás en el futuro se intente recuperar a Auster; hay obra para ello, sobre todo la trilogía de New York y Leviatán. Por lo pronto, sin embargo, Auster es apenas un asteroide en una galaxia de planetas inmensos.

Es curioso ver cómo la obra de un autor viaja tan bien a otros países que termina siendo más importante allí que en su propio país. Ahora, ¿por qué es tan grande Auster en América Latina y España? Si bien uno de los temas centrales de la narrativa de Auster es la importancia del azar en la vida cotidiana, lo que ha ocurrido con su obra en Hispanoamérica es cualquier cosa menos fruto del azar. De hecho, Auster funciona en nuestros países porque nos es muy familiar: para la fácil recepción de su obra, hemos sido entrenados por la lectura de Borges, Cortázar, Cervantes y Unamuno.

"No hay una realidad única", dice un personaje de su última novela, Hombre en la oscuridad

Brill se evade del presente contándose historias en la noche. La más fascinante, tiene ecos de la paranoia de Philip Dick y del Cormac McCarthy apocalíptico de El camino: un mago, Brick, se encuentra en un Estados Unidos paralelo en el siglo XXI, un lugar asolado por una guerra civil y en el que no hubo guerra en Irak ni tampoco un 11 de septiembre. En esta historia, unos militares que lo rescatan le encomiendan la misión de matar a un hombre. Brick se pregunta por qué. La respuesta: "Porque él es dueño de la guerra. Él la inventó, y todo lo que ocurre o vaya a ocurrir está en su cabeza. Elimina la cabeza, y la guerra se detiene. Así de simple... No es un Dios, es sólo un hombre. Se sienta en su escritorio todo el día, escribiendo, y todo lo que escribe termina ocurriendo de verdad".

El hombre que debe ser asesinado, quizás sea obvio decirlo, es August Brill, creador de Brick. Se trata, claro, de meta-literatura, algo que ha producido la peor novela de Auster (Viajes por el Scriptorium) y algunas de sus mejores páginas (La ciudad de cristal). Y se trata también de algo muy familiar para los lectores de los cuentos de Cortázar. En Hombre en la oscuridad los caminos que parecen más productivos para Auster -Dick y McCarthy-son abandonados para elegir otros caminos -Borges y Cortázar--, al final también explorados a medias porque Auster ha elegido terminar con algo más doméstico, más prosaico.

La gran deidad que preside la obra de Auster es el Cervantes meta-literario que crea personajes que luego se leen a sí mismos en una novela (las deudas con el Quijote son explícitas en la Trilogía de New York). Cervantes está flanqueado por Borges y Cortázar, y tiene por ahí, de edecán, al Unamuno que reflexionaba sobre la relación entre el creador y sus personajes. El gran mérito de Auster es hecho suyos a algunos de nuestros escritores más importantes, para devolvernoslos como si fueran otra cosa. Lo leemos como si fuera literatura norteamericana de primer nivel, pero en el fondo nos gusta porque sus juegos extraños nos parecen muy conocidos. De hecho, lo son.
(Anagrama), "Hay múltiples realidades... Hay muchos, mundos paralelos, mundos y antimundos... y cada uno de ellos lo sueña o imagina alguien en otros mundo. Cada mundo es la creación mental de un individuo". El narrador, el crítico literario August Brill, menciona que estas ideas son del filósofo italiano Giordano Bruno. Sin embargo, para nosotros, esto suena peligrosamente parecido al Borges de "El jardín de senderos que se bifurcan" y muchos otros cuentos.

Fuente: www.elboomeran.com

domingo, 7 de septiembre de 2008

Idea Vilariño: Qué lástima

Qué lástima
que sea sólo
que quede así
no sirva más
esté acabado
venga a parar en esto

Qué látima que no
pudiéramos
sirviéramos
que no sepamos ya
que ya no demos más

Qué lástima
qué lástima
estar muertos
faltar
a tan hondo deber
a tan preciada cita
a un amor tan seguro.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Manuel Vincent: Verás el Cielo abierto

Creo que éste es un buen momento para contar algunas cosas de mi vida. La melancolía de la tarde parece muy propicia para poner un poco de orden en mi cabeza. El tornado se ha llevado por los aires la caseta del perro y las bicicletas, ha partido la yuca y ha quebrado algunas ramas de los chopos. El fondo de la piscina está lleno de pinocha y sobre el agua flotan las flores de la buganvilia. Llueve, llueve otra vez. Los pinos de atrás de la casa huelen intensamente. Los veraneantes ya han regresado a la ciudad. Los toldos de los chiringuitos de playa están recogidos, las sillas han sido apiladas y atadas con cadenas, pero cuando salga el sol los caracoles treparán por las perfumadas virutas del hinojo en el barranco y yo volveré a abrir las ventanas. No quisiera mentirme. Tal vez no voy a tener el valor de levantar la tapa de la quesera, con la que trato de proteger mi alma de las moscas, a no ser que la escritura, desate el nudo asentado en el diafragma. Me pregunto para qué sirve, si dentro de poco ya estaré en el fondo del mar o en esa estrella del firmamento que he elegido y que está compuesta por todos los huesos de personas y animales que han muerto en la tierra. La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera.